sábado, 14 de julio de 2007

Sesión 9. Agua: “el petróleo del siglo que viene” (1)

Recuerdo que cuando era niño, pasaban en la tele un comercial en el que un niño gordito, frente a una llave de agua que goteaba -después de pasar imágenes que representaban casos en los que frecuentemente la gente desperdiciaba el agua- decía: “Ciérrale, ciérrale”, girando su pequeña mano regordeta. En ese tiempo ese slogan se convirtió en una frase de dominio popular. Hace un par de años, volvieron a sacar el comercial con el mismo slogan, el mismo niño y los mismos ademanes. Sólo que ahora aquel niño gordo ya no estaba gordo y tenía como veinte años. Ahora ya no era tan gracioso ni la frase tan pegajosa. Pero el problema del derroche y la falta de agua seguían siendo los mismos y de gracioso no tenían nada.
El conflicto o la cooperación derivados de la creciente falta de agua, específicamente en las cuencas de ríos que comparten uno o varios países, no son asuntos resueltos. Existe preocupación y esperanza por uno u otro camino, respectivamente.
Efectivamente, algunos de los problemas étnicos recientes, tienen como uno de sus motores, el conflicto por el agua. La posibilidad de que la violencia sea el camino por el que se resuelva la falta de agua o de cooperación entre países, no resulta sorprendente si revisamos la manera en que históricamente los seres humanos resuelven sus problemas. Sin embargo, en la construcción de una sociedad mejor y más justa para todos, siempre existen personas o grupos de personas que pueden hacer la diferencia.
Un aspecto interesante de esta problemática, es que representa otra fisura en la estructura del Estado-nación actual, que está demostrando ser incapaz de dar solución a las demandas de la población que se encuentra dentro de sus límites y de dar cuenta de nuevos fenómenos que lo rebasan como concepto teórico y práctico en nuestros días.
Me gustaría por último compartir otra experiencia que tiene que ver una de las varias acciones de cooperación internacional con respecto al agua, apoyadas por organismos multilaterales: la creación de represas a gran escala. Esta experiencia no tiene que ver con algún esfuerzo de cooperación internacional, sino con la creación de una presa en México y una problemática adjunta a la creación de estos megaproyectos, que muchas veces se soslaya y no se le toma la importancia que requiere. Esta problemática consiste en la reubicación de cientos de poblados enteros y de cientos de miles o a veces millones de personas, a partir de la construcción de una presa hidroeléctrica.
A principios de los noventa participé en un proyecto sobre la afectación que causaba en la población reubicada, la reubicación misma y la construcción de la presa. Me refiero a la presa Cerro de Oro, en el norte de Oaxaca, México.
Uno de los primeros problemas con los que me encontré, consistía en que a la población oaxaqueña que visité, la habían reubicado en el estado de Veracruz. Era población chinanteca, acostumbrada a sus tierras de primera, sus ríos, su origen común, su tierra. Los reubicaron en una zona de pastizales cerca de la frontera con Oaxaca. Cuando llegamos llevaban ya tres años de haber sido reubicados en un clima y una tierra hostiles y desconocidos. Adaptándose a lo poco que se podía sembrar ahí y a aprender a cultivar grandes cantidades de maíz en esa zona. La Comisión Federal de electricidad les hizo unas casas de block y lámina de metal, que no correspondían en nada con la construcción y composición de sus casas bajo el agua, que respondían al entorno ambiental y ecológico. La gente nos contaba como varios viejos habían muerto a unos meses del reacomodo. Habían muerto de tristeza, de nostalgia por su tierra, por sus muertos, nos decían.

(1) Elhance, Arun P. 1999. Hydropolitics in the third world. Conflict and cooperation in International River basins, United States Institute of Peace Press, Washington, D.C.

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